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Honor a quien honor merece
POR: GUSTAVO FLORES
A 5 diciembre, 2025

A QUIENES como todos los que formamos parte de MAAT admiramos desde siempre a Armando Fuentes Aguirre, Catón, se nos hincha el pecho de orgullo por el reconocimiento que le hicieron en el Palacio de Bellas Artes, en donde le otorgaron la Gran Orden de Honor Nacional al Mérito en la Comunicación Social e Historia de México. Nadie como él para merecerla, nadie como él para recibir tal distinción dado el enorme amor que le tiene a Saltillo, a las letras, por su singular comicidad, su sapiencia y valentía sin igual cuando hay que serlo…
A PARTIR de ahora no escribo yo, sino aquellos que ilustraron los hechos con talento y puntual maestría. En Vanguardia se publicó ayer mismo: (Aclaramos que por tiempo y espacio es un extracto)
Bellas Artes se rinde ante “Catón”
Por Humberto Vázquez Galindo
“Hay ciudades que tendrían otra historia si no hubieran tenido a quien la contara. Saltillo, por fortuna, tiene a Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, un hombre que convirtió la memoria en oficio y la ironía en herramienta; que supo escuchar los pasos viejos de su ciudad para traducirlos en palabras que hoy son leídas por varias generaciones. Lo suyo ha sido —durante más de medio siglo— un acto silencioso de preservación: rescatar el polvo de las calles, la luz de los portales, la respiración de la historia y entregársela al país envuelta en humor, lucidez y humanismo”.
“Anoche, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, este país le devolvió el gesto. Catón recibió la Gran Orden de Honor Nacional al Mérito en la Comunicación Social e Historia de México, otorgada por la Academia Mexicana de Ciencias Políticas, en una ceremonia solemne, togada y con la seriedad de los grandes reconocimientos. A las 6:20 de la tarde, el Palacio de Bellas Artes parecía vivir dos realidades simultáneas. En el exterior, el edificio permanecía cerrado por las manifestaciones que rodeaban la Alameda; pero en uno de sus costados, un acceso discreto permanecía abierto exclusivamente para quienes asistirían al homenaje. Por ese flanco, casi secreto, se deslizaban lectores, académicos, periodistas y admiradores que llegaban a rendir tributo al cronista que ha acompañado al país durante décadas”.
“Dentro, en el vestíbulo, una fila larga y paciente aguardaba para entrar a la sala Manuel M. Ponce. Había mujeres que llevaban años leyéndolo al desayuno, estudiantes que crecieron con sus columnas y profesores que recuerdan haber usado sus textos para explicar historia, humor y ciudadanía. A todos los unía la misma sensación: la de estar a punto de ver a un hombre que ha narrado el país con un estilo propio y reconocible como una voz amiga. Las primeras filas fueron destinadas para familiares, amigos, académicos y también la clase política que viajó desde Saltillo o reside en la capital del país: Hilda Flores Escalera, Emilio Gamboa, el ex gobernador Enrique Martínez, José María Frausto Siller, ex alcalde de Saltillo, José Narro Robles, académico y ex rector de la UNAM y Abraham Cepeda, estuvieron hombro con hombro aplaudiendo al homenajeado”.
“Mientras los académicos ingresaban con sus mucetas y birretes, la figura del cronista parecía estar hecha para ese lugar. Catón, nacido en Saltillo en 1938, llegó con la serenidad de quien ha vivido muchas vidas: la del maestro, la del abogado, la del humanista, la del periodista que cada mañana conversa con el país y la del escritor que convirtió la historia en un espejo más amable para reconocernos. La ceremonia fue abierta por el presidente de la Academia, doctor Arend A. Olvera Escobedo, quien subrayó la trascendencia del homenajeado y el legado de rebeldía y congruencia que deja, sobre todo, a la juventud, a la cual le ha tocado dar pasos en un mundo turbulento. En todo momento prevaleció el tono académico y también mensajes cargados de reflexión política y el reciente devenir de la vida pública de este país. El doctor Adolfo Eduardo Montoya Jarquín presentó la semblanza biográfica: sus estudios en Jurisprudencia, Lengua y Literatura Española, Pedagogía y Periodismo en la Universidad de Indiana; sus décadas como docente desde 1963; su nombramiento como Maestro Emérito en 1994; su dirección del Ateneo Fuente y la fundación de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la UAdeC, donde formó a generaciones completas”.
“Montoya destacó que Catón es una excepción a la regla, el ejemplo perfecto de cómo no es necesario dejar tu ciudad para convertirte en un referente nacional y triunfar desde la provincia: “Armando Fuentes desmiente que para ser reconocido se tiene que cumplir el requisito de venirse a vivir a la Ciudad de México. Vivimos en un país centralista y sin embargo, Catón nunca ha salido de Saltillo y desde ahí ha conquistado a sus lectores. Y aunque dice que tiene sólo cuatro, tiene razón, cuatro de cada cinco lectores en México son suyos”. Pero la biografía no se entiende sin su obra. En más de 20 libros, y especialmente en la serie “La otra historia de México”, Catón regresó a los próceres —Juárez, Hidalgo, Maximiliano— el olor humano que la historia oficial les había negado. Y en sus columnas diarias —“De política y cosas peores”, “Mirador”, “Manganitas”— entregó al país una mezcla única de humor, crítica, memoria y ternura intelectual”.
“El doctor Mauro Jiménez Lazcano habló sobre La historia del periodismo en México, un tema inevitable cuando el homenajeado ha sido, durante décadas, uno de los columnistas más leídos del país y sobre todo, uno que pone el pecho y arriesga la vida para denunciar injusticias. Jiménez citó a su hijo para asegurar que “a Catón, no sólo le rendimos homenaje por su sabiduría, sino también por su eterna picardía y por la fuerza que muestra al defender la democracia de un país que ama profundamente: México”.
“Luego, el doctor Ruperto Patiño Manffer profundizó en la importancia de contar con rigor la historia de un país que requiere de voces como la suya para denunciar los abusos. Palabras que fueron un guiño perfecto a la misión vital de Catón: narrar para comprender, contar para no olvidar y hacer que todos caminemos con buenos pasos”.
“La imposición de la venera estuvo a cargo del doctor Reyes Tamez Guerra, en un momento solemne que contuvo un aplauso largo, cálido, de esos que no celebran una obra sino una forma de ser. Tras recibir la distinción, Catón expresó su gratitud y su convicción de que la palabra —esa materia con la que ha construido su vida pública— sigue siendo su deber y su oficio”.
“Armando Fuentes Aguirre tomó el micrófono y como buen encantador de serpientes, hizo que el recinto completo enmudeciera para escucharlo. No se oía un solo respiro cuando habló del que debería ser un pecado capital: La ingratitud. Y es que la noche no trató de otra cosa que la gratitud por ser honrado por la Academia Mexicana de Ciencias Políticas. Recordó también la primera vez que fue a escuchar ópera en Bellas Artes, cuando no tenía dinero ni para comer, de cómo el azar lo regresó a Saltillo luego de recibirse como abogado, pero para ejercer el mejor oficio del mundo: El periodismo. Muy pronto escribiría cuatro columnas diarias los 365 días del año en los diarios más prestigiosos del país y se convertiría en una de las voces más escuchadas del periodismo nacional”.
“Las risas se hicieron presentes, pues el escritor sacó a relucir relatos llenos de picardía, humor negro, inteligente, certero e incómodo, con el que Catón ha conquistado a millones de lectores, así respondió socarrón y divertido con un “a mi que chingados me importa”, la razón por la que era homenajeado en el máximo recinto cultural del país, también le agradeció al azar por ponerlo en el lugar correcto en el momento correcto y a que “se hará lo que se pueda”, cuando le pidan morir para alcanzar la inmortalidad. En tono serio y con la mano en el corazón, agradeció a los convocantes: “Quiero darles las gracias por recibirme y por las palabras tan amorosas que en sus discursos me dedicaron y que habla más de la bondad de ustedes, que de mis méritos”. Finalmente y para zanjar los dardos cargados de actualidad que los ponentes pusieron sobre la mesa, Catón, citando a Amado Nervo, aseguró que había que ser arquitectos de nuestro propio destino poniendo por encima de toda diferencia y polarización, el amor por nuestro país y sobre todo la importancia de hacer valer el derecho y cumplir la ley: “Unámonos amigas y amigos más allá de toda diferencia, quizá nos separa la ideología política, el credo religioso, pero tenemos algo en común que es la patria nuestra, a la cual debemos enterrarnos porque es la herencia que vamos a dejar a nuestros hijos y a los hijos de ellos. Unidos en ese amor en común, sigamos el camino y aprendamos qué por encima de todo, más allá de cualquier encono, de cualquier diferencia, de cualquier enemistad, está nuestra amada patria: México”…
“Para cerrar la noche, hizo énfasis en que igual que como citaba la biografía del saltillense, Artemio de Valle Arizpe, ha caminado leguas y leguas “pero yo no me siento triste, ni tampoco cansado, mi vida ha sido plena, he sabido de masas, de mesas, de musas y mozas. Y enfrente de ustedes no tengo palabras para dar las gracias a ese misterio que me ha permitido andar ese camino y llegar a ésta, que es una hermosa meta”. Pocos cronistas han acompañado a su ciudad como él. Desde 1978, Saltillo es también un personaje en su narrativa: sus plazas, sus hombres y mujeres, sus recuerdos y silencios. Catón lo ha contado todo con la afectuosa autoridad de quien conoce no sólo las calles, sino el alma que las anda”.
A INSTANCIAS de Vanguardia, los invitados de primera fila que han sido amigos de Catón por muchos años expresaron palabras de admiración para el homenajeado, entre ellos José María Frausto Siller, ex alcalde de Saltillo; Hilda Flores Escalera, representante del Gobierno del Estado en la CDMX, el exgobernador Enrique Martínez, y el exrector de la UNAM, José Narro Robles…
Aboga Catón por la unidad
Por Francisco Morales
UNA CRÓNICA similar fue publicada en Reforma, que cita palabras de Catón: “Quizá nos separan la ideología política, el credo religioso, pero tenemos un común encuentro en esta patria nuestra a la cual debemos entregarnos”. Y añade: “No soy partidario de dar mensajes… Creo que esa tarea corresponde a los telégrafos nacionales”, bromeó la noche de este miércoles en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes…
NO OBSTANTE, como uno de los más respetados comentaristas de la vida pública de México, tanto en las planas de los diarios de Grupo Reforma como en otras de todo el territorio nacional, Catón hizo un llamado a la unidad en tiempos de división política. “Les digo, desde el fondo más hondo de nuestro corazón, las palabras con que Ramón López Velarde describió hermosamente a la patria cuando dijo que es impecable y diamantina. Impecable significa que no tiene pecado, no es culpable de la conducta de sus malos hijos. Y diamantina quiere decir que la patria tiene, al mismo tiempo, la luz y la fortaleza del diamante. Unámonos, amigas y amigos, más allá de toda diferencia”.
Y REPITIÓ: “Quizá nos separan la ideología política, el credo religioso, pero tenemos un común encuentro en esta patria nuestra a la cual debemos entregarnos, porque es la herencia que vamos a dejar a nuestros hijos y a los hijos de ellos. Unidos en ese común amor, sigamos el camino y aprendamos que, por encima de todo, más allá de cualquier encono, de cualquier diferencia, de cualquier enemistad, que más allá de todo y sobre todo, está esta amada patria, México”.
“Saltillense ejemplar y, desde la década del 80, cronista de su ciudad natal, Catón recordó también cómo su carrera periodística comenzó de manera azarosa, precisamente, en Bellas Artes, cuando, al salir de la ópera, compartió un taxi en medio de un chaparrón con el crítico de arte de la Cadena García Valseca. A su regreso a Saltillo, tras titularse como abogado en la UNAM, fue una recomendación del propio José García Valseca, obtenida para él por su amigo el crítico, la que le consiguió su primer empleo como corrector del periódico El Sol del Norte. Ahora, Catón escribe diariamente cuatro columnas, dos de ellas en Grupo Reforma (De política y cosas peores y Mirador), y se ha convertido en un referente en la vida diaria de sus cuatro lectores, como gusta decir”… (GFA).-


