Día de Muertos

POR: MAAT

A 26 octubre, 2021

Por: Ruth Angélica Flores Morales

La fiesta de Día de Muertos es una tradición prehispánica llena de simbolismos, leyendas y relatos que forman un mosaico único que nos representa a nivel mundial por su dualidad de alegría y tristeza. Somos un pueblo que celebra la muerte con vida, con cantos, con comida, con dulces y papel picado, se mezclan las culturas y se hermanan las creencias.

Se realiza del 31 de octubre y el 1 y 2 de noviembre, donde se tiene la creencia de que las ánimas de los difuntos regresan esas noches para disfrutar los platillos y flores que sus familiares les ofrecen; llegan en forma ordenada, a los hogares de sus deudos que generalmente tuvieron el cuidado de preparar un altar en su, honor para darles la bienvenida.

La ofrenda con veladoras, comida y adornos esta lista desde el 28 de octubre para recibir a los fallecidos de manera trágica, por violencia o accidentes, mientras que los días 30 y 31 son días dedicados a los niños que murieron sin haber sido bautizados (limbitos) y a los más pequeños; el día 1 de Noviembre es Día de Todos los Santos, celebrando a todos aquellos que llevaron una vida ejemplar así como a los niños.

El día 2, en cambio, es el llamado “Día de los Muertos”, la máxima festividad de su tipo en nuestro país, celebración que comienza desde la madrugada con el tañido de las campanas de las iglesias y la práctica de ciertos ritos, como adornar las tumbas y hacer altares sobre las lápidas, los que tienen un gran significado para las familias porque se piensa que ayudan a conducir a las ánimas y a transitar por un buen camino tras la muerte.

Los orígenes de la tradición del Día de Muertos son anteriores a la llegada de los españoles, quienes tenían una concepción unitaria del alma, que les impidió entender que los indígenas atribuyeran a cada individuo varias entidades anímicas y que cada una de ellas tuviera al morir un destino diferente.

En México, las culturas indígenas concebían a la muerte como una unidad dialéctica: el binomio vida-muerte, lo que hacía que la muerte conviviera en todas las manifestaciones de su cultura. Que su símbolo o glifo apareciera por doquier, que se le invocara en todo momento y que se representara en una sola figura, es lo que ha hecho que su celebración siga viva en el tiempo.

Desde el año pasado la celebración fue diferente, en muchos casos de manera virtual y en otros en la intimidad de los hogares que se han vestido de luto por la pandemia; cabe hacer mención que según estudios dedicados a esta celebración, las personas que tuvieron la mala fortuna de morir un mes antes de esta fecha, no se les pone ofrenda, pues se considera que no tuvieron tiempo de pedir permiso para acudir por lo que solamente sirven como ayudantes de otras ánimas.

Datos interesantes:

La Leyenda de la Flor de Cempasúchil

Cempasúchil significa la flor de los veinte pétalos, por sus raíces en náhuatl, cempoal: veinte pétalos y xochitl: flor o pétalos. Los mexicas la utilizaban con fines medicinales, de acuerdo a la creencia o cosmovisión prehispánica su color amarillo evocaba al sol, por lo que guiaba a las almas de los difuntos del cementerio a la casa familiar, por medio de caminos de pétalos y arcos con flores.

Cuenta la leyenda que Xóchitl y Huitzilin eran una pareja de enamorados quienes todos los días subían a la montaña dedicada a Tonatiuh a dejar un ramo de flores símbolo de su amor, donde juraron amarse bajo cualquier circunstancia aun después de la muerte.

Poco tiempo después Huitzilin tuvo que partir a la guerra y después Xóchitl recibió la noticia de que su amado había muerto, con un profundo dolor y desesperada subió a la montaña y le rogó al Dios Tonatiuh que la reuniera con su pareja.

El Dios Tonatiuh decidió concederle su deseo y dejó que los rayos cayeran sobre su piel, hasta que la transformó en una flor amarilla de un color intenso, unos instantes después se acercó un colibrí, Huitzilin reencarnado, quien al hacer contacto con la flor al beso del amor abrió sus veinte pétalos, liberando un intenso aroma.

Desde entonces el Dios Tonatiuh ordenó que el amor de la joven pareja azteca permaneciera para siempre mientras existieran colibríes y flores de cempasúchil en los campos mexicanos.

El Origen del Pan de Muerto

Cuenta la crónica de Bernal Díaz del Castillo, que el origen del pan de muerto se remonta antes de la llegada de los españoles, durante un ritual una doncella de preferencia una princesa hija de algún alto gobernante, era ofrecida a los dioses, su corazón aun latiendo se introducía en una olla con amaranto y después el sacerdote que encabezaba el rito mordía el corazón en señal de agradecimiento a los dioses.

Los españoles rechazaron ese tipo de sacrificios y elaboraban un pan de trigo, en forma de corazón bañado en azúcar pintada de rojo simulando la sangre de la doncella.

Se dice también que el nacimiento de ese pan se basa en un ritual que hacían los primeros pobladores de Mesoamérica, a los muertos los enterraban con sus pertenencias, elaboraban un pan de semillas de amaranto molidas y tostadas, mezclado con la sangre de los sacrificios que se hacían en honor de Izcoxauhqui, Cuetzaltzin o Huehueteotl.

Se cree que de ahí surgió el pan de muerto, el cual se fue modificando de diversas maneras hasta llegar a nuestros días. El pan de muerto tiene un significado: El circulo que se encuentra en la parte superior del mismo es el cráneo, las canillas son los huesos y el sabor a azahar es por el recuerdo de los ya fallecidos.

Estos panes tienen diferentes formas, la figura humana, aves, peces, conejos, perros, alacranes entre otros, son característicos de Tepoztlán, Mixquic e iguala de Teloloapan.

La celebración de los muertos se convierte así en un banquete mortuorio dominado por alimentos y flores de color amarillo (el color de la muerte para las culturas prehispánicas) como el cempasúchil, los clemoles, las naranjas, las guayabas, los plátanos, la calabaza y el pan de muerto.

Lamentablemente como cada año, habrá muchas tumbas sin adornos y muchos muertos sin tumbas, muchos no podrán ir a ver a sus muertos y muchas ánimas tal vez no encuentren a sus familias, sin embargo hagamos una fiesta de vida y no de tristeza antes de tiempo, honremos a todos los mexicanos que han partido este año sin olvidar a ninguno.

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